MATERNIDAD Y FEMINISMO SIN FILTROS

Hoy me apetecía hablar de algo diferente. Algo muy mío. Llevo muchas semanas contando cosas alegres y parece que todo sea un camino de rosas. Hasta que te paras. Bajas el ritmo y reflexionas. Porque hoy es 8 de marzo. El Día Internacional de la Mujer. Y yo soy muy mujer. Siempre he sido luchadora. He buscado la equidad en todas partes. Porque sí. Porque soy una mujer competitiva y competente. Y ahora también soy madre. Y esto me ha hecho revalorar todo. Verlo distinto. Hoy no voy a hablar sobre conciliación, porque por suerte o por desgracia (mi sueldo es ridiculísimo) trabajo desde casa y concilio. Y mucho. Pero nuestro trabajo y esfuerzo nos cuesta.

Así que quería hablaros de mi experiencia como mujer y como madre. De cómo conseguir ser madre. Yo quería serlo. Y de hecho lo fui… tres veces. Me lo dijo la ginecóloga. La primera vez no llegué a conocer a mi bebé. Se perdió antes de llegar a la primera ecografía. Allí me empezaron a hablar de huevos vacíos y cosas extrañas. Nadie nos había explicado que esto pasaba. Yo tenía terror a quedarme embarazada con sólo mirar a mi marido y que todo fuera demasiado de prisa. Pero la vida, a veces, te hace parar. Te hace parar porque ya eres mujer.

La primera vez intenté entenderlo y pasarlo rápido; pero no lo entendí y el dolor, lejos de pasarse, se enquistó. De todas formas, el mundo esperaba que pasara rápido al siguiente nivel, que me saltara una etapa, rápidamente. Así que al cabo de dos meses de perder a mi bebé ya estaba “preparada” otra vez. Pero el hachazo fue mortal. Se le paró el corazón a la semana 10. Y todavía tuve que esperar una semana más para ver si lo podía expulsar yo sola. Y no pude. ¿Quién va a poder? ¿Quién va a querer? Así que me lo tuvieron que sacar. Entré triste y destrozada en la sala de partos. Y a mi lado, mientras me ponían la anestesia, escuché el llanto de un bebé que acababa de nacer. Pau, se llamaba. El mío no llegó a tener nombre. Y lo peor, es que mi ginecóloga se había roto la pierna y no pudo estar a mi lado ese día. Aunque me trataron bien. Estuve en maternidad una tarde. Y me fui a casa. Con las manos vacías.

Y todo esto pasó porque tenía que pasar. Porque ese bebé no tenía que nacer y era lo mejor. Porque era una cosa que le pasaba a todo el mundo. Porque, a lo mejor, estaba obsesionada en tener un hijo. Y así una detrás de otra. Y no tuve muchas posibilidades de dolerme. Aunque escuchaba y reía yo estaba rebelándome por dentro contra el mundo y contra todos. Era el segundo aborto en muy poco tiempo e iba con ventaja.

Y así me di cuenta de que el aborto es un tema tabú, triste, solitario. Son cosas que no se deben contar. Porque te hacen débil. Sin quererlo, había asumido la culpa de todo lo que me estaba pasando. Pero no es así. Pedir ayuda no te hace blanda. No es malo caer. Ni llorar. Ni hablar de lo que pasa en el interior de las caderas de una mujer.

Hay que pasar los duelos, señoras y señores. Hay que parar. Hacer las paces. A mí, todavía se me escapa algún lloro o me cabreo con el mundo. Pero cuando me quedé embarazada por tercera vez, el sólo hecho de pensar que podía perderlo me hacía más daño que perderlo en sí. E intenté bajar el ritmo. Meditar. Y decidí empezar a hablar de lo que nos ocurre. Decidí empezar a quitar oscuridades alrededor de las mujeres. Porque ese silencio, ese dolor callado, termina enquistado en la mente y en el alma.

Así que paremos. Dejemos las metas tan altas. Y quitemos velos que nos cubren. Porque la ignorancia provoca miedo. Y las mujeres no somos brujas.

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WELCOME BABY

¡Hola, hola! Me paso por aquí para enseñaros y recomendaros productos con los que estamos muy contentos en casa. Esto de hacer buenas recomendaciones en las que creo 100%, me gusta. Y es bueno hacer conocer a gente chula. Y es que cuando de comprar y probar cosas nuevas se trata, yo tengo más peligro delante de una pantalla que en un centro comercial. Mis paseos tranquilos son más por el mundo 2.0 que por el mundo 1.0. Y es que hay tantas tiendas monérrimas a sólo un click, con cosas tan chulas que es imposible no comprar nada.

Así que hoy quería hablaros de un gran descubrimiento que hice mucho antes de quedarme embarazada y que descubrí por Instagram (¡mil gracias Instagram!):MiMuselina. Una tienda de complementos de bebé hechos con mucho love. Y la verdad es que a mí me salvaron la vida. Primero me enamoré de sus productos y cuando tuve a mi hijo descubrí las aplicaciones de sus productos. Simplemente perfectos y encantadores. Todavía es hoy y los seguimos usando y probando.

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En su web podréis encontrar una gran variedad de cositas que reúnen unos valores preciosos combinados con buena calidad y diseñados en casa. A estos emprendedores les encanta tratar con la gente y son delicados en cada pedido y cada packaging.

El otro día, así sin más, y con mi corazón palpitando de emoción, me mandaron a casa algunos de sus productos para re-probarlos. Y me volví a dar cuenta que sus diseños son bonitos para reventar, con lemas sutiles y sentimentales. Evidentemente, lo más destacado, como el propio nombre de la tienda indica, son las muselinas con mensajes molones, pero también tienen arrullos, cambiadores que los puedes comprar a juego con los arrullos, bodys súper guays, cojines nido, canastillas personalizadas en preciosas cajas de madera, camisetas y fulares de porteo, guardapijamas que también puedes personalizar…

Yo os hablaré de mis productos destacados y así os paséis por su web y descubráis tooooodos sus productos:

  • Muselinas: las tienen en varios tamaños y todas llevan mensajes o imágenes muy chulos. Son transpirables, de algodón 100% natural, fáciles de lavar y secan rapidísimo. La verdad, es un producto que me hubiera gustado que me aconsejaran antes de ir a la clínica (sólo me llevé una… ¡una!) porque es de lo que más hemos usado. Y no sólo han sido para limpiar la leche, para cubrir al bebé, para presentarlo en sociedad o para tapar el sol. Nosotros hemos hecho que sea una capa, una puerta de tipi, una mantita de juego… su uso es realmente infinito y en mi mochila siempre, siempre, hay un par de ellas.

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  • Bandana Secababitas: otra cosita que me hubiera gustado que hubieran recomendado antes de ir a parir… sí, señores y señoras, todo el mundo te da mil millones de consejos cuando vas a ser madre (chorras, por cierto) pero nadie te habla de lo importante, de lo serio. Nuestro bebé tuvo reflujo esofágico. Sí, del chungo. Y vomitaba mucho. Así que las bandanas nos fueron geniales. Aunque como era primeriza y no tenía demasiadas, cosí algunas o arreglé algunas muselinas para la función… Éstas, además, son suaves y preciosas con mensajes que animan a cualquiera.thumbnail_IMG_6221
  • Chupeteros: hay miles. De todos los colores, de todos los estampados. Nosotros los coleccionamos. Y así el retoño va bien conjuntadito. y como son de tela de algodón se lavan y secan en un santiamén.
  • Lo más original: las tarjetas Baby Moments Cards, que sirven para ilustrar 32 momentos en el desarrollo del niño, desde que nace hasta que cumple un año. 12 son para celebrar su cumplemés y las otras 20 para grandes avances como el momento en que le sale el primer diente, la primera palabra, la primera noche buena… La verdad es que son perfectas para sacar fotos a tu bebé lo más parecidas a Pinterest posible…thumbnail_IMG_6208

Os invito a dar una vuelta en su web; seguro que encontráis mogollón de ideas para casa o para regalar a nuevas mamis o mamis que ya lo son. Muselinas nunca hay suficientes…

CARTA A MI HIJO EN SU PRIMER CUMPLEAÑOS

Hola amor mío,

soy tu mamá. Sí. Ya ha pasado un año. 365 días juntos. Bueno, en realidad son 638 días si contamos desde que te instalaste en mi cuerpo. Y calaste hondo. Muy hondo.

Ha sido el año más intenso, apasionante, vertiginoso y loco de toda mi vida. Y gracias a ti, que me escogiste para ser tu madre. Gracias por ser todas las respuestas a mis preguntas. Y es que me has enseñado a ser mujer. A ser fuerte, a ser valiente, a ser fiera. Sí, esto es lo que más me gusta. Me he convertido en una madre fiera que defiende a capa y espada a su cría. Mi bebe. Que te miro y has dejado de serlo. Parloteas, haces mímica, eres el rey de las caras, comes como si no hubiera un mañana, te relacionas, te haces entender, eres cariñoso pero también eres mi pequeño salvaje, mi perdición, mi locura. Tienes genio, pequeño. Y eso me gusta. Pero a veces cuesta llevarlo…

Todavía recuerdo las primeras horas en el hospital. Ese muñeco peludo y enanito (sí, tu padre dijo que eras muy grande cuando saliste pero en realidad eras una bolita diminuta) que no paraba de moverse. Ya apuntabas maneras. No te dormías, no comías y los pelos de la cabeza se te ponían de punta. Pero para mí eras el ser más especial de toda la historia de la humanidad. No podía creer que dos personas pudieran crear algo así. Y todavía te miro y me lo pregunto. Y todo lo que me habían dicho sobre ser madre (que es muy duro, que ya verás, que si tal que si cual) desaparece. Ha mejorado tanto mi vida que no sé por dónde empezar a medirla. Ser madre, tu madre, es lo más fácil del mundo. Hemos conectado. Hemos intentado entenderte y dejarte ser libre. Y cada día me enamoro más de ese espíritu salvaje tan tuyo. Aunque acabe reventada. Aunque me falte el aliento. Aunque no duerma. Ser tu madre es lo más hermoso y reconfortante que hay.

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Me has cambiado tanto la vida que me parece imposible que sólo haya pasado un año.

Ha sido tan maravilloso verte crecer y acompañarte en cada etapa, que me muero de ganas de seguir descubriendo la vida contigo. Aunque siento una pena profunda porque el tiempo se me va de las manos. Me da miedo no saber gozarlo lo suficiente, que se me pasen los años y sigas creciendo así de rápido, darme cuenta un día de que ya no eres mi bebé y sentir que no lo he aprovechado lo suficiente. Echo de menos esa cosa pequeñita que salió pegada a mí del hospital.

Y hoy, te prometo que voy a estar mucho más presente en tu vida, si cabe, y, que todos los ratos que pasemos juntos los vamos a disfrutar de verdad. Vas a dar tu primera vuelta al sol y no te vamos a soltar la mano.

Feliz cumpleaños, pequeño.

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9 in – 9 out

Esta semana Marco ha cumplido 9 meses. Nueve meses que han pasado volando. O no tan volando… pero cumplimos nueve meses dentro y nueve meses fuera. “In & Out”, como dicen los anglosajones, que de celebrar, lo celebran todo…

Nosotros no hemos hecho una fiesta. Pero sí nos hemos parado a reflexionar cómo han sido estos 18 meses con una nueva personita en nuestras vidas. Mis 39 semanas de embarazo fueron una maravilla… bueno, si hablamos con mi marido dirá que fueron un horror. Vamos paso a paso. Digo que fue un embarazo espléndido y plácido porque de salud no tuve nada… o casi nada. Un par de semanas con nauseas, algún dolorcillo al final del embarazo (que a día de hoy y hablando con otras embarazadas me he dado cuenta que era ciática y que soy una temeraria porque no paré a reposar ni un instante), encías perfectas, pelo perfecto, piernas nada hinchadas, sueño profundo y una lista de cosas buenas infinita.

Ahora viene la parte mala. La que vivió de cerca mi marido. Y es que nos costó un infierno conseguir que me quedara embarazada. No nos costó tiempo de espera ni de incertidumbre sobre si había algún problema pero sí vivimos dos pérdidas. Dos horribles e implacables pérdidas. Y esto hizo que a la tercera, a la vencida, yo no tuviera nada claro. Las primeras semanas (bueno, y las del medio y las del final…) todo eran llantos, tembleques, taquicardias porque pensaba que lo volvería a perder. Y no fue así. Pasaron los meses, lo vimos en las ecografías, lloramos con su latido, reímos con sus movimientos (que también costaron de llegar…) y alucinamos con su nacimiento.

Y aquí cambió todo. Y también todo superó lo que me habían explicado acerca de la maternidad. No tuve un puerperio duro. No tuve subida de hormonas  negativas, no tuve depresión postparto. Nada. Sólo tenía a mi nueva y pequeña familia. Y no quería nada más.

Las primeras semanas fueron duras. Bastante. Nuestro pequeño no dormía, vomitaba todo lo que comía, era un “espeluchao”. Y no me avergüenza admitir que estos primeros días (y meses) fueron duros. No sabíamos si lo estábamos haciendo bien o no y nuestro bebé sólo quería estar en brazos. No le gustaba el carrito, no le gustaba el moisés, no le gustaba estar solo. Y hubo días (todavía hay alguno…) agotadores. Pero por nada, por nada del mundo, cambiaría esto. Despertarme y tener a mi bebé al lado. Con mi marido.

¡Ay, mi marido! Si no hubiera sido por él, no hubiera avanzado nunca. Tuve la suerte de tenerlo a mi lado durante unos cuantos meses y la adaptación la hicimos juntos. Nuestro bebé pudo estar con su padre, dormir con él, bañarse con él…  Y esta situación nos permitió que el tiempo se detuviera. Y disfrutamos cada segundo con nuestro pequeño. Nuestros horarios son bastante perfectos y podemos estar con él en todo momento. Y aunque sea un bebé que exprime, no nos quejaremos nunca de los jamases. Y sí, ha habido momentos duros entre nosotros, pero también ha habido momentos maravillosos que han hecho más fuerte nuestra unión. Hemos crecido como personas y como pareja. Y lo que más deseamos es cogernos de la mano los tres (bueno, y nuestro perro Charlie) y acompañarnos siempre.

DSC01118Sí, Marco es un bebé que no lo podemos dejar solo. Es muy sensible, le cuesta horrores dormir, come mucho, no para de jugar… pero tampoco para de reír, reptar, moverse frenéticamente de un lado para otro, hacer el indio… es explosivo y 100% salvaje. Pero en el fondo es un bebé, como casi todos, con una demanda elevada, una energía desbordante y un temperamento muy intenso, y nosotros somos una familia consciente que adoramos darle todo nuestro cariño sea la hora que sea y por muy cansados que estemos.

Somos muy afortunados de poder estar a su lado. Aunque nuestro esfuerzo requiere. Yo no cambiaría nada de mi vida por la experiencia de ser mamá a tiempo completo. La maternidad ha superado todas mis expectativas, pero no a peor. Una vez alguien me dijo que tener un hijo estaba sobrevalorado. Hoy, después de 9 meses con un bebé, puedo decir que no, que todo lo contrario. La maternidad está sumamente infravalorada. Es mucho más intensa y bonita de lo que te explican.