Juguetes I: activando el oído, la vista y el tacto

¡Hola!

¡Volvemos al blog con nuevo post! Esta vez hablamos de juguetes. Pero no voy a hacer una wishlist de Navidad ni tampoco hablaré de cómo gestionar el tema regalos de cara a estas épocas que llegan… aunque sobre estos temas os propongo leer con atención este post de aquí y este de aquí. Vale mucho la pena reflexionar… nosotros no podemos estar más de acuerdo.

Lo que vamos a hacer en este post es un repaso de los juguetes que ha tenido Marco hasta ahora. Dividiré en tres partes las publicaciones según las etapas madurativas de nuestro bebé y así no se harán demasiado largos.

¡Allá vamos! Antes de que naciera Marco leí mucho sobre juguetes, su introducción, su uso… y tenía muy claro qué tipo de objetos le iba a ofrecer a mi hijo. No soportaba la idea de amontonar juguetes y juguetes en casa sin hacerlos servir y sin ningún aporte pedagógico. Así que un consejo que doy a las mamis que están embarazadas es que esperen a tener a su retoño en brazos para comprar juguetes porque nunca se sabe cómo será el pequeño. Lo importante es ir ofreciéndole lo que necesita y por lo que siente curiosidad.

Este primer post corresponde a la primera etapa madurativa de los bebés. Donde desarrollan sus relaciones con el entorno a través de la vista, el oído y el tacto. Cada niño es un mundo y esta etapa puede variar en cada uno. Marco ha tenido estos juguetes entre los dos y medio y cinco meses, aunque todavía les hace caso (9 meses).

Una vez observamos las necesidades de nuestro bebé queríamos que los juguetes que tuviese fueran pocos y de buena calidad. Así que estudiamos materiales, formas, y texturas. No queríamos, para nada, los típicos juguetes de plástico duro con colores llamativos (que marean más que cualquier cosa y distraen) y con sonidos y luces estridentes dignas de una discoteca. Para ello buscamos crear un ambiente cálido y agradable a través de los juguetes.

El primer juguete que tuvo Marco fue un sonajero natural elaborado con medula de junco y sin tintes añadidos. Está hecho a mano, por lo que hace que cada pieza sea única. Lo compramos en Jugaia, aquí. Es realmente bonito, sencillo y original. Una pieza que permite que el bebé se acerque al mundo de los sonidos a través de el repicar de manera suave y agradable de las conchas que lleva dentro. Además es pequeño y ligero por lo que desde muy pronto pueden tenerlo en la mano y hacerlo sonar.

También relacionado con los sonidos, empezamos a cantarle y a tocarle instrumentos desde el primer minuto que entramos en casa. Mi marido es músico y tenemos la suerte de tener instrumentos en casa. Él me enseña canciones y yo se las canto todo el día. Y cuando tienen un momento para ellos, mi marido le toca el piano, el ukelele, el saxo o la flauta travesera. Como desde el principio vimos que Marco reaccionaba con ciertas canciones, le compramos algún muñeco relacionando con dichas canciones, y así trabajábamos oído y vista a la vez.

guitarrapianoOtro de los juguetes estrella fue un doudou en forma de cerdito, también de Jugaia. Una mantita muy tierna hecha de franela, minky polar y multietiquetas de diferentes formas, colores y texturas para que el bebé descubra el tacto.  A nosotros no sólo nos sirvió para que estuviera entretenido descubriendo cada una de las texturas sino que fue ideal (un tiempo corto…) para acompañarlo en el sueño.

doudouY finalmente, y casi enlazando con la siguiente etapa, le introducimos un gimnasio hecho por nosotros y un mordedor de madera con orejitas de conejo. La verdad es que miramos un montón de gimnasios y como no sabíamos del todo si iba a disfrutar con él, decidimos fabricarlo nosotros y ahorrar bastante dinero ya que acostumbran a ser un poco caros. Así que la estructura la hicieron los hombres (mi padre y mi marido) y yo me dediqué a hacer los elementos colgantes: un cometa waldorf, un elefante de silicona para morder, una cuerda con cascabeles, aros de madera recubiertos de lana, y un círculo de bolitas de madera.

gymmordedorLa verdad es que le hizo bastante caso. Hasta que un día decidió que lo que colgaba lo quería para él y lo desmontó. Pero como hicimos la estructura plegable la pudimos guardar para futuros usos.

Y hasta aquí es como hemos ayudado a nuestro pequeño a desarrollar sus sentidos del oído, tacto y vista.

A la próxima, más.

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Cómo quiero que sea mi hijo

Desde siempre me ha gustado escribir. Me expreso mejor escribiendo que hablando. Así que hoy me apetecía hacer un post más personal. No pretendo dar ninguna lección. Tampoco pretendo imponer una idea o criticar otras. Simplemente quiero compartir una reflexión.

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Y es que desde que he sido madre (incluso desde que estaba embarazada) he descubierto un mundo nuevo. Y no lo digo en plan “ahora mi mundo sólo está alrededor de los bebés y no hay nada más”. He descubierto un mundo interior que no sabía que tenía. He descubierto que soy capaz de ser madre sin que nadie me haya enseñado y he podido aprender a tomar decisiones, a veces no del agrado de todos.

Y aquí empieza mi reflexión. Tener un hijo no ha sido fácil, en mi caso. Nos costó un poco conseguirlo y en ese tiempo tuvimos tiempo de pensar, de parar. Y es que traer un bebé al mundo no es simplemente “traer un bebé al mundo”. Para mí, un bebé no es en ningún caso, un muñeco, un payaso o un ser inferior. Desde siempre (y aquí no quiero generalizar) se ha tratado a los más pequeños con cierta diferencia a los mayores: comen a otra hora (¡y se lo deben comer todo!), deben dormir cuando nos va mejor, nunca comparten espacios con sus padres o familiares, deben estar sentados en el cochecito hasta que lo decidimos los mayores, les hablamos raro, les hacemos gestos absurdos, tienen juguetes que no sirven para nada, comen con la televisión, duermen solos (¡duermen solos!)…

Y yo no quería ésto. No. Quería un hijo más que nada en el mundo. Y lo quería para cuidarlo, quererlo y sobretodo enseñarle a ser persona y respetarlo. Respetarlo porque, ante todo, es un ser humano. Y los derechos de los seres humanos (y los niños más todavía) prevalecen sobre todas las cosas. No quería que mi hijo, por ser un bebé, estuviera encerrado en una habitación a oscuras mientras sus padres estaban en una comida, no quería que mi hijo fuera tratado como si no tuviera capacidades de entender un lenguaje, no quería que mi hijo comiera a distintas horas que yo y distinta comida, no quería enchufarlo delante de la televisión para “tener tiempo libre”, no quería todo eso. Quería tratarlo como una persona. Como yo. Como su padre. Y era un trabajo difícil (y quizás egoísta) porque sólo lo podíamos hacer mi marido y yo. Y significaba decir no a muchas cosas. Hace poco, escuché a Carlos González en la radio. Decía que a los niños se les tiene que tratar, como mínimo, como a personas. Que es lo que son. Y respetarles. Y no insultarles con objetos (entiéndase objetos como: tv, tabletas, móviles, juguetes con colores y sonidos, comida triturada, cuchara-avioneta para comer… ) porque eran seres suficientemente inteligentes como para no necesitar todo eso. Aunque estas decisiones supusieran ir en contra de los que se ha hecho toda la vida (que según nuestros antepasados es lo único que funciona), el doctor González animaba a los nuevos papás a superarlo, a mejorarlo. Sin querer decir que ellos lo habían hecho mal.

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Así que simplemente queremos que nuestro hijo crezca a nuestro lado. Que nadie haga el trabajo por nosotros. Que desarrolle su autonomía y autopercepción y aprenda a tener una buena autoestima, a ser capaz. Queremos que nuestro hijo esté integrado en la dinámica familiar (sí, tendemos la ropa y cocinamos con él en la mochila…), que entienda lo que es ser persona, que pueda decidir lo que quiere y lo que no, lo que le gusta y lo que no, lo que prefiere hacer y lo que no y sobretodo, que aprenda a respetar (aunque él, como bebé, no reciba el respeto que se merece). Aquí podría hacer otro post, porque ahora parece que criamos a nuestro hijo cual salvaje y sin normas… pero mejor lo dejamos así…

Para acabar el post de hoy quería dejar una bonita frase que tiene que ver con el respeto a los más pequeños y el favorecimiento de su desarrollo en todos los campos de la vida:

Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo – María Montessori

Y es que una ayuda innecesaria es una falta de respeto a la capacidad de la persona, es una solución no pedida. Se obturan las habilidades personales y se niega el potencial.

Así que os animo a buscar nuevos caminos de crianza, nuevas maneras de hacer, de vivir. Por ellos, para ellos.

Todo tiene un comienzo

Este primer post de mi estrenado blog es como un final-comienzo. Es un final porque ya se ha acabado el verano. Mi primer verano como madre. Gas a fondo. Donde me he sumergido en el maravilloso, pero duro, mundo de la maternidad. Pero a la vez, es el inicio de algo que tenía muchas ganas de hacer: escribir mis vivencias, mis actividades, mis planes y mis reflexiones como madre y componente de una pequeña familia en construcción.

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Así que me gustaría empezar con una cita que podría resumir, junto con alguna de las fotografías, lo que he intentado conseguir des de que mi pequeño llegó a nuestras vidas:

..desde el apego sincero crecen los niños más valientes e independientes.” -Andre Stern.

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Apego. No me había parado a pensar acerca de esta palabra hasta que me quedé embarazada. Me convertí en una especie de mamá pantera que protege a su cría de cualquier depredador. Pero no era una protección mala, sino todo lo contrario. Quería proteger a mi retoño con amor. El amor de una madre. Un amor sincero, fuerte y dulce. Criar con apego. Algo un tanto mal visto en las mentes de una sociedad sumida en estándares y prejuicios. Por ello, me uní a la maravillosa Tribu de mami, con  sus camisetas que reivindican el respeto y el amor hacia los más pequeños, dejando atrás esos prejuicios impuestos por algunos métodos de crianza.

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Ser madre no es fácil. Pero es maravilloso. Y renuncias a muchas cosas de tu yo para ofrecer a tus hijos lo mejor de ti. 24 horas seguidas. 365 días. Tu y tú hijo. Apegados. Para hacer de él una persona más valiente e independiente en un futuro. Cuando sea mayor ya no podrás dormir con él, portearlo todo el día, mirar por horas esos ojitos, cantarle, ducharte con él, consolarlo cuando llora,  leerle un cuento o simplemente observarlo.

Ser madre no es fácil. A  veces, no lo es incluso antes de serlo. Por eso, no nos vale quejarnos de la vida que tenemos con un bebe. Es verdad, ellos no te dejan hacer nada: ni dormir, ni bañarte, ni hablar por teléfono, ni comer. Pero tampoco te dejan estar triste, ni perder el tiempo, ni retroceder, ni hundirte, ni rendirte, ni ser cobarde. No te dejan de enseñar, de inspirar, de alimentar el alma, de hacer reír. No te dejan hacer nada, nada que no sea ser mejor persona, nada que no sea ser feliz.

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