LA BUSY BOARD DE MARCO

¡Venga que es jueves y ya se acaba la semana! ¿Cómo lo lleváis?

Yo emocionada porque, por fin, os puedo enseñar el súper proyecto de mi marido: la “Busy Board” de Marco. Y aunque los nombres son diversos (mesas de trabajo, tablas de herramientas…)  al final, se trata de tablones donde clavamos todo tipos de herramientas, chismes, objetos cotidianos que captan la atención de nuestros pequeños. Lo ha fabricado íntegramente nuestro #daddycool y la idea apareció porque Marco, cuando empezó a ir a la llar se quedaba embelesado con la tabla que tienen en su estancia, donde veía un sinfín de objetos que hay en casa y que “no puede tocar” . Así que nos pusimos manos a la obra.

Como no, este tipo de “juguetes” están dentro de la pedagogía Montessori y dentro de su filosofía promueven el desarrollo y la motricidad fina a través de elementos de la vida cotidiana, un elemento primordial para que los niños se sientan incluidos y sus aprendizajes sean óptimos. Así que, como veis, con estos tableros se pueden trabajar multitud de aspectos como la motricidad, la coordinación óculo manual o la lateralidad, entre otros.

IMG_7124Para empezar, os recomiendo que hagáis una profunda visita a Pinterest, una búsqueda por los cajones de cacharros de casa y después un largo paseo por cualquier centro de bricolaje para recopilar todo lo que queramos. Realmente hacer una tabla con distintas actividades puede ser muy sencillo y económico. Posiblemente en casa tengamos restos de materiales de las pequeñas reparaciones del hogar guardados sin un destino certero: interruptores de la luz, manivelas de las puertas, cerrojos, candados, luces, tiradores de puertas… pueden servir para que los pequeños ganen en autosuficiencia, en destrezas, y por supuesto en habilidades que le supongan avances en su autonomía en la casa.

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Lo primero  que hicimos, y la única actividad donde yo participé… fue distribuir todos los elementos que seleccionados por el tablón (¡ah, lo pinté de blanco!) y buscar la manera en la que quedasen bien distribuidos y su organización también fuese armoniosa. Una vez lo tenemos claro sólo debemos de ir poniendo uno a uno. Como veis en las imágenes, Marco y su #daddycool se encargaron de pegar y mover elementos. Para pegarlos, mi marido usó silicona caliente y clavos en la mayoría de accesorios.

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En nuestro caso nos decantamos por lo siguiente:

– Cremalleras, una en cada sentido.

– Ganchos con cuerda para colgar pinzas.

– Enchufe con cordón.

– Interruptores.

– Luz a pilas.

– Cerrojos, los grandes retos de las busy boards.

– Tubo con cubo para meter bolas y recogerlas.

– Ruedas de diferentes medidas.

– Imanes.

– Espejo.

– Mango de manguera.

– Tuercas y anillas.

– Tapa de ventilación.

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Aunque este tipo de tablones parezcan un poco sacados de la imaginación, realmente son una herramienta muy importante para el desarrollo de nuestros hijos: no solamente les aportan habilidades motoras sino que también le permiten adquirir más autonomía para todo aquello que vendrá más adelante. Es decir, de nuevo, aprenden jugando, experimentando y practicando. Además, les calma las ganas de tocar todo tipo de cosas de casa que a los adultos nos lleva a negarles todo el rato. De este modo, se lo ponemos a su disposición y pueden tenerlo siempre que quieran.

Y ya sabéis, los juguetes que se construyen son los que más gustan, ya que dentro de ellos se guarda el poder de lo emocional, el recuerdo de haberlo construido todos juntos.

Si no tenéis lista de Navidad, ésta es una propuesta con la que triunfáis seguro si vuestro retoño está en época de tocarlo todo.

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LA MAGIA DE LA INFANCIA

¡Aquí estamos otra vez!

Primero de todo decir que la semana pasada no pude publicar un nuevo post porque no teníamos terminado lo que os queremos enseñar… pero el jueves que viene veréis la chulada que se ha currado nuestro #daddycool.

Hoy os traigo algo simple, una actividad sencilla pero divertida. Y es que de vez en cuando también va bien saltarse un poco lo de los espacios perfectamente adecuados al niño y hacer el loquito mientras aprendemos.

No os asustéis. Simplemente, le he preparado una caja con sorpresas dentro y he esperado con la cámara para ver cómo reaccionaba. Y así, seguimos con la máxima de María Montessori de seguir al niño, sin descuidar demasiado el trabajo del área sensorial, ya que desarrollándola permitimos al niño dominar futuros conocimientos.

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Y así, sin más, y a través de experiencias propias de mi hijo, decidí que siguiera descubriendo el mundo que le rodea.

Y…¡Ay! Que vienen las Navidades… Y supongo que serán unas Navidades especiales, las primeras que Marco va a vivir más conscientemente. Pero no por ello queremos que crea 100% en universos ficticios creados por nosotros mismos y popularizados a través de costumbres y productos culturales. Vamos, que no queremos mentir a nuestro hijo pero tampoco queremos que no sienta la magia de esta época. Ni mucho menos recurrir al chantaje navideño para que “se porte bien”.

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Así que le presentamos la Navidad a Marco en forma de cajita, donde él, a través de los objetos y conceptos, puede crearse su universo y sus historias. Porque aunque parezca raro, en la pedagogía Montessori se establece una clara diferenciación entre “imaginación” (intrínseca al niño) y “fantasía” (un factor extrínseco). Por lo que una cosa es fomentar la imaginación y creatividad infantiles mediante el juego simbólico y otra, muy distinta, es fomentar creencias irreales.

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Los elementos que le hemos ofrecido son típicos y tópicos de la Navidad, lo sé, pero están escogidos porque no podemos abstraer al niño del entorno cultural en el que vive y crece. Lo único que hemos hecho, y tal como ya hicimos con la mesa de experimentación de otoño, es presentarle materiales y que él solo cree sus historias. Sin decir mucho.

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Lo hicimos así, a modo de photocall, para hacerlo más gracioso y “navideño”. Para ver qué pasaba, para descubrir, una vez más, que la magia no está en Papá Noel ni en los Reyes Magos sino que está en ellos, en los niños. Y una caja con “regalos” siempre será un caja con “regalos”. Venga de quien venga (bueno, si es de alguien conocido, mejor). Así que, ésta es la magia de la infancia.

Disfrutadla mucho, mucho.

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NEW MONTESSORI ROOM

¡Hola chic@s! ¿Cómo ha ido el puente? Nosotros nos lo hemos tomado muy en serio y hemos desparecido con la caravana los cuatro días… Así que la semana pasada no pude colgar el post en el blog.

Pero hoy lunes, os lo  traigo bien preparado y ordenado. Y es que este verano hemos hecho “reformas” en la habitación de Marco, dejando de base la pedagogía Montessori. Porque aunque parezca una tendencia o una mera moda, se trata de unos ideales que se lanzaron como símbolo de que estamos avanzando como sociedad y nos fijamos cada vez más en todo aquello que ofrecemos a nuestros pequeños con el fin de facilitarles un desarrollo pleno.

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Así que, aunque nuestro pequeño ya no sea tan pequeño y se haya convertido en un auténtico toddler, seguimos buscando el fomentar y potenciar la autonomía e independencia de nuestro hijo, tanto en sus juguetes, actividades o muebles. Y así, evitar al máximo la invasión del adulto en sus quehaceres cotidianos para descubrir el sólo y llegar al conocimiento pleno.

Y con esto, lo de la invasión del adulto en los espacios de los bebés, me refiero a que hoy en día hay habitaciones para bebés realmente preciosas, pero lo cierto es que la gran mayoría están pensadas para gustar a los padres, y no para ser cómodas y prácticas para ellos. Y María Montessori rompió con todo ello. Desarrolló una filosofía infantil que pone al niño en el centro de todas las decisiones. Es él el actor principal y por ello necesita tener acceso a todo aquello que usa. El dormitorio debe ser sencillo, acogedor, respetuoso con el niño y adaptado a sus necesidades. Así que hoy, os enseño la habitación de Marco, para que tengáis algunas pautas de cómo hacer del dormitorio de vuestro hijo un poco más Montessori.

Lo primero que hemos cambiado es la cama. La hemos puesto a ras de suelo. De este modo potenciamos que el niño pueda subir y bajar con total independencia, que no necesite de unos barrotes, ya que aunque esté sólo no podrá hacerse daño si lo que desea es bajar. Además, les facilitamos un lugar de calma y descanso de manera accesible, con lo cual cuando quieran descansar y todavía no dominen el habla para hacérnoslo saber, sí que podrán ir sin necesidad de nuestra ayuda. Le da libertad, visión y estimula los movimientos del cuerpo. Estos movimientos que el niños es capaz de realizar en su cama, apoyan a que desarrolle una actitud psicológica activa y le permite al niño resolver sus problemas de forma empoderada.

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Es verdad que podéis conseguir una cama a ras de suelo en muchas webs o tiendas y de muchas formas y colores. Pero nosotros hemos decidido fabricarla. Así hemos encajado las medidas que justamente necesitábamos y la hemos adaptado al máximo a la forma de la habitación. Evidentemente, el manitas es mi marido y todo el mérito y trabajo ha sido suyo.

Otro aspecto que hemos respetado es que tenga elementos que usa a menudo a su alcance. Algunos juguetes y las estanterías con los libros. También llega fácilmente a los cajones de la cómoda por lo que estamos empezando a guardar y escoger la ropa.

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Y por último los colgadores. Donde él cuelga su mochila y sus chaquetas, de vez en cuando… Pero es importante que estén a su altura, que sean suficientemente grandes para que no le cueste colgar y que la ropa tenga alguna cinta bastante grande para tener margen de acertar. Así evitamos que se frustren.

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Tampoco hemos eliminado elementos que ya teníamos como el espejo, cojines y manta para leer, cajitas para guardar algunos juguetes… Pero hemos añadido algo de deco, com el mapa mundi de vinilo que tiene encima de la cama. ¡A Marco le encanta buscar los animales por todo el mundo!

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Y de cara a un futuro próximo, ya que Marco todavía no duerme por la noche aquí sino que solo hace las siestas, queremos poner una mesita a su alcance con su vasito de agua o leche y algún banco para que se pueda cambiar de ropa él solito.

¡Espero que os haya gustado! ¿Me enseñáis los dormitorios de vuestro peques para aprender un poquito más entre todos?

¡Hasta la semana que viene!

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MESA DE EXPERIMENTACIÓN: OTOÑO

¡Hola!

Primero de todo deciros que quería subir este post hace unos días, pero se me ha ido retrasando por mil y un imprevistos y al final hasta hoy no he podido. Además, es un tema que si te pones, no lo acabas nunca porque van surgiendo ideas y con un peque al lado es imposible llevarlo todo a cabo… y lo chulo es que podáis hacerlo con vuestros retoños lo más pronto posible, así que, allá va.

img_6585.jpgHoy os traigo una actividad que podéis hacer en casa, súper sencilla y ambientada en la estación que estamos. Como ya he dicho otras veces, los pequeños viven y aprenden a través de ellos mismos y de su entorno más cercano, así que para ellos es muy interesante y estimulante acercar y dar respuesta aquello que les sucede en cada momento. Por lo tanto, lo más inmediato es una  mesa de experimentación de estación (o si, vuestro peque ya no es tan peque, podéis hacer una mesa de estación fija): un espacio que preparamos en casa dónde representamos los elementos más característicos de aquella estación que estamos viviendo. De este modo, los niños pueden ver, tocar y jugar con todo lo que después observan fuera de casa y establecen asíconexiones, nuevos aprendizajes, juegos, preguntas…

Y a mí el otoño me encanta. Por eso, buscar actividades que ayuden a explicarlo me divierte. En este caso, hemos preparado la mesa de experimentación todos juntos. Hemos recogido algunos de los elementos en excursiones que hemos hecho en la montaña, en el parque, en el cole… y otros los hemos ido a buscar a alguna tienda. Así que hemos puesto:

  • Castañas
  • Calabazas
  • Piñas
  • Granadas
  • Hojas secas
  • Frutos secos
  • Juguetes de madera con colores otoñales
  • Botella sensorial de la estación
  • Poster sobre la estación

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Una recomendación que os hago (y que ya he leído previamente en otros blogs) es que lo preparéis todo sin que vuestro hijo lo vea, así la expectación y la sorpresa es mayor y conseguimos captar su atención. Yo lo tenía todo guardado y lo dispuse durante una de sus siestas. Una vez está preparado y el niño está receptivo, lo invitamos a jugar, captando su atención con palabras que conozca. Y es que el efecto sorpresa es muy importante: primero, porque crea ese ambiente de descubrimiento por si solos y segundo, porque si tenemos que montar toda la mesa y los materiales con ellos va a ser complicado y tocan antes de tiempo, entonces se frustran y cuando finalmente esté preparado cuesta cambiar ese ambiente.

Y al final llega el momento mágico. Cuando entran en contacto con el epsacio de experimentación. Es importante que dejemos al niño hacer, el juego tiene que ser libre si no, no es juego. Si no nos imitará. También es importante no hablarle demasiado, para no acaparar su atención. Lo bonito es ver como ellos mismos van entrando en sus pensamientos, en sus movimientos, en sus descubrimientos. La verdad es que Marco se despertó algo nervioso y le costó un poco entrar en el espacio, pero le explicamos lo que había, lo invitamos a tocar haciéndolo nosotros también y poco a poco nos separamos (sentados en el suelo, cerca pero sin intervenir) para que él  pudiese tocar los materiales, olerlos, probarlos, crear alguna mini historia y finalmente tirar las piñas, calabazas y granadas a Charlie, el perro.

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La verdad es que es un ejercicio muy bonito y si no sale bien a la primera se puede guardar para el día siguiente (nosotros lo hicimos :)).

Espero que os haya gustado mucho, mucho y que lo probéis con vuestros pequeños.

¡Nos vemos la semana que viene!

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IIª FERIA DE LA LACTANCIA Y LA CRIANZA DEL MARESME

¡Hola a tod@s!

¿Cómo va esta semana cortita? ¿Preparados para el puente? Nosotros sí, y es que os traigo una súper propuesta para hacer en familia el próximo domingo 14 de octubre la 2ª edición de la Feria de la Lactancia y la Crianza del Maresme, que se celebrará en Canet de Mar.

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Será una jornada preciosa llena de actividades, talleres, conferencias, varias zonas para todos… la verdad es que no os lo podéis perder. El objetivo de este año es que nos convirtamos en un referente de la comarca en esta temática y a la vez, impulsar la actividad económica del pueblo y de la zona.  De nuevo, estaremos en la Plaza Universidad y en la Escuela de Tejidos, de 10 de la mañana hasta las 19h de la tarde.

¿Por qué no os lo podéis perder para nada del mundo mundial? Pues porque lo hemos hecho un grupo de mamis de Lactamar Prolactancia, una asociación sin ánimo de lucro que da soporte a la lactancia materna y ayuda a todas las madres con actividades y asesoramiento a entender mejor cómo alimentar a un bebé. Y es que hemos preparado esta feria con mucho esfuerzo, cariño y amor y creemos que va a ser un día de emociones fuertes, encuentros preciosos y un lugar prácticamente mágico dónde surgirán recuerdos y amistades para toda la vida.

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Y es que a mí, este año, me hace especial ilusión. Porque he participado activamente en su preparación (casi un año de trabajo que llevamos), porque he hecho amistades que jamás pensé que haría, porque mi hijo va a pasarlo tan bien que lo va a recordar toda la vida y porque habrá cosas y sorpresas para todos.

Y además, la temática será “Rompiendo mitos”, donde entre todos pondremos sobre la mesa las típicas etiquetas y prácticas de la lactancia y la crianza para avanzar un poquito más y hacer de la maternidad algo maravilloso, llano, respetado y con amor. Así que, para haceros un poco la boca agua, os voy a poner algunas de las actividades y paradas que tendremos. Para empezar a romper mitos tendremos a tres conferenciantes excelentes, Carlos González, Jessica Santos y Armando Bastida. La verdad, es que sólo por escucharlos a ellos ya vale la pena pasar por la feria… son una delicia. Y aunque las plazas son limitadas, lo tendréis fácil para participare en ellas.

También habrá talleres y actividades diversas, como juegos fotográficos, yoga, danza, masajes, porteo…

Y finalmente habrá cuatro zonas con muchas, muchas sorpresas: zona infantil, zona market (con más de 40 paradas), zona food trucks y espacio fotográfico, donde a través de las fotografías de Eva Torres y las experiencias personales de las madres y padres de Lactamar haremos una crítica social y desmentiremos mitos y falsas creencias transmitidos culturalmente, generación tras generación, que promueven actitudes negativas hacia la lactancia materna.

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Y desde aquí quiero dar las gracias a personas tan maravillosas y altruistas como son Laia, Vane, Sara, Anna, Adriana, Vanesa i Ester. Porque no hay mejores #partnersincrime que vosotras. I a Moment Magic Fotografia por hacer a nuestros hijos estas fotos tan bonitas.

Han sido meses y meses de trabajo y ilusión así que esperamos veros a tod@s: padres, madres, abuelos, herman@s.

Y si queréis ver más en detalle todo lo que habrá podéis consultar el folleto aquí o descargar nuestra app aquí. Lo ha ha diseñado todo Laia, una de las mamis y es un trabajo alucinante. El día de la feria habrá sorpresas anunciadas en ella, así que ¡bájatela ya!

 

VOLVER

Vuelve setiembre. Y con ello, mi estación favorita: el otoño. Pero también es una época de novedades, de cambios. Y aquí hablamos de ellos. Porque me gusta. Al final, en verano, decidimos desconectar para conectarnos. Nos tomamos unas buenas vacaciones. Pero setiembre vuelve. Y empezamos el ciclo de nuevo.

Me hubiera gustado retomar el blog de mil maneras. De hecho, me lo había estado imaginando todo el verano. Sorpresas divertidas, noticias emocionantes… pero al final, he querido hacer una reflexión profunda de lo que hemos empezado este mes. La familiarización escolar de nuestro hijo. Sí, hemos empezado la escoleta. O “llar” (hogar) como dicen aquí en Cataluña en muchos centros. En otros, se sigue llamando guardería. Pero a mí no me gusta.

Y aquí empieza mi reflexión. ¿Realmente queremos que “guarden” a nuestros hijos o que los acojan en un segundo “hogar”? Después de hacernos esta simple pregunta empezamos a mirar escuelas infantiles. Había algunas de ellas en nuestra localidad pero no nos convencían. Teníamos muy claros unos puntos que creíamos que mínimamente debía tener el centro donde se iba a pasar dos años nuestro pequeño. Unos puntos que se adaptasen a nuestra manera de criar, respetuosa y libre. Por ello, creímos que era importante que el centro se basase en las necesidades del niño y no en las del adulto: respetar horarios, comidas, objetos que necesita el niño (chupete, muñeco de apego…), cambio de pañales, libertad de movimiento, lloro… y que para ello, existiera una adaptación progresiva. Eso de pasar una mañana con el niño y al día siguiente ya dejarlo solo (aunque simplemente sea una hora) no es adaptación. Entiendo el problema que hay en nuestro país sobre la conciliación pero también tengo la ilusión que algún día esto se arreglará y existirán, al menos, permisos para acompañar a tu hijo en su familiarización a los centro escolares. Por ello, era muy importante para nosotros que se tratase de una escuela abierta a los padres, abuelos y tutores. De hecho, una escuela, y más en tempranas edades, también se forma con las familias. Los adultos dentro de las aulas aportan seguridad a los niños. Poder estar con ellos, verlos desarrollarse, poder decirles adiós (esto me daría por otro post… siempre decir adiós, no desaparecer sin más de la vista del niño) cuando están preparados, hacer tribu.

Finalmente, creo que un centro escolar puede entrar también por los ojos. Y no digo porque esté limpio, ordenado y con césped artificial en el patio. Me refiero a esa sensación de darte cuenta de que ése es el lugar perfecto para tu hijo. Cueste lo que cueste el esfuerzo de llevarlo allí. Cuando empezamos a mirar escoletas, nos fijamos en los espacios y los materiales, muy ligados a las pedagogías del mismo centro, claro está. Y lo encontramos: aulas abiertas, espacios de libre circulación, materiales no estructurados y naturales, libre experimentación, colores neutros…

Pero después de encontrar el lugar (no digo perfecto porque como dice la directora del centro, no existe ninguna escuela perfecta… y quizá esto es lo bonito de todo), llegó setiembre y empezamos la familiarización. Y yo me vine abajo. Me derrumbé. Un dolor extremo recorrió por mi cuerpo. No podía separarme de mi hijo, y evidentemente él tampoco. Y por suerte encontramos este centro con adaptación escolar real. Un lugar respetuoso de verdad, con profesionales que aconsejan y siguen a tu hijo individualmente, sin comparar, siendo un referente como educadores. Y sobre todo, respetan el llanto de tu hijo. Les dejan expresarse, ser libres en cuanto a sentimiento. Y los acompañan en ello, están a su lado.

Y ahí nos dimos cuenta que había valido la pena llegar hasta allí. Y también nos dimos cuenta que a veces, que haya padres informados, concienciados y dispuestos a aplicar aquello que se les dijo que podrían hacer, molesta. Pero hemos encontrado una comunidad que entiende que arrancar los hijos de los brazos de los padres no es normal. Porque lo bonito es seguir tu corazón, dar lo máximo que puedas a tu hijo y hacerlo convencido.

Pero no todo se acaba aquí; de golpe vienen las miradas de reojo, los comentarios de que quizás somos padres sobre-protectores, la insistencia en que ya te puedes ir del aula que es lo mejor, que lo otro (la adaptación no real del resto de centros) tampoco está tan mal ni ha dejado huella en el resto de niños… Y te entra el miedo. ¿Tendrán razón?

Y mi yo, mi razón, me dicen que es lo correcto, que debo estar allí, con mi hijo. Porque ir a la escuela (o llar o escoleta o guardería) siempre es más una necesidad de los adultos que de los niños y por ello debemos hacer un cambio de mentalidad de familias, escuela y sociedad en general. Es necesario que fijemos nuestra mirada en nuestro hijo y que conectemos con lo que necesita y podemos ofrecerle.

Sí, ir contra-corriente a veces es agotador. Pero si se trata de brindarle a mi hijo lo mejor que le puedo brindar, allí seguiremos.

Nos vemos la semana que viene. Como siempre, mi historia es sólo un punto de vista. Pero entre todos podemos compartir. ¿Habéis hecho familiarización? ¿Cómo lo lleváis?

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LA INFINITA RIQUEZA DE LA NATURALEZA

¡Hola! después de dos semanas de reposo del blog, aunque no de reposo físico… volvemos para explicaros una actividad preciosa, fácil y al alcance de toda familia: el contacto con la naturaleza. Ya os conté en este blog de aquí que la naturaleza ayuda a que todo fluya, a coger energía y fuerza. Ayuda a ir despacio. A observar, dentro y fuera de uno mismo. Y que nuestro objetivo, tal y como dice María Montessori, es darle el mundo a nuestro hijo: mirar las nubes, el sol, los sonidos, los animales, el agua, las plantas, los insectos, la hierba, las hojas… en fin, la infinita riqueza de la naturaleza.

DSC03085Este verano estoy hojeando el libro de 100 actividades Montessori a partir de 2 años (aunque con Marco lo hacemos des de los 12 meses…) y con el calor nos hemos centrado más en hacer las actividades de exterior.

Así que nos fuimos en familia a aprender a convivir con la naturaleza. Seguro que todos tenemos, relativamente cerca de casa, un lugar idílico para llevar a nuestros hijos. Un lugar abierto, libre de humos y construcciones donde puedan crear vínculos con lo natural. Tomar consciencia del lugar que ocupan en un contexto más amplio. Es importante que los niños sean sensibles a la naturaleza desde bien temprano, que entiendan sus fragilidad y su fuerza y que aprendan a respetarla.

DSC03050.JPGNosotros fuimos a la riera de Arbúcies. I allí acompañamos, de la mano, a nuestro hijo para que descubriera una parte de mundo. Uno de los pilares de la filosofía Montessori es estar cerca del niño pero sin intervenir, simplemente acompañándolo. La intervención del adulto, como llevarlo en brazos, estirarlo, cogerlo o hacerlo ir donde tú quieres es mantenerlo por debajo de sus capacidades reales, así que el regalo que le podemos hacer es bien sencillo: tiempo para andar, sin presión ni dirección. Ellos se ponen contentos cuando pueden tocar, oler, observar y mirar todo eso que les llama la atención. Y la naturaleza te permite ir más despacio, pensar, hacer eso del “slow family living”, porque la vida no es una carrera sino un viaje, un descubrimiento para hacer juntos.

DSC03057.JPGAsí que una vez allí, nos dedicamos a, simplemente, observar. Aprendimos a estar quietos y en silencio cada vez que pasaba una libélula, escuchamos el sonido del río y observamos cómo fluía el agua, pisamos piedras secas y mojadas (Marco entendió que las mojadas tenían musgo y resbalaban), escuchamos pájaros, recogimos hojas y buscamos caracoles. Evidentemente, y siguiendo el acompañamiento que necesita todo ser en etapa de aprendizaje, nosotros lo animamos a hacer algunas de las actividades aunque es cierto que la curiosidad y el interés es innato en los niños de estas edades.

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DSC03098También nos llevamos a nuestro perrito Charlie, muy importante en la vida de Marco. Con él juega, le pone comida, lo abraza, lo acaricia, juega (y mucho) y lo observa a todas horas. Aprovecharon para correr juntos, bañarse, comer…

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Lo bonito de estas actividades es poder hacerlas en cada estación del año y descubrir qué pasa en el lugar cada vez que vamos. También, si los niños son más mayores, se pueden crear mesas de observación con lupas, crear mandalas con el material recogido o un diario de viaje a modo de cuaderno de bitácoras, con mensajes, material recogido y fotografías.

Lo esencial, es que con estos paseos el interés por la vida que envuelve a nuestros hijos se verá agudizado y su curiosidad natural, alimentada. Así que salid a pasear, a pisar hojas y charcos, a mirar el cielo y el suelo, a buscar animales. A vivir con ellos y darles el mejor regalo del mundo: tiempo.

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Y COLORES EN EL VIENTO DESCUBRIR

Así empezaba mi canción favorita de la película Pocahontas: y colores en el viento descubrir… Así que, me viene perfecta para empezar el post de hoy. Y es que Marco pide mucho, mucho rato y muchos días. Por eso, procuramos que sus aprendizajes sean constantes pero duraderos. Y ahora, bueno, hace unas semanas, ha empezado a sentirse atraído por los colores. De momento, los básicos.

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Los mira, los escucha, los manipula… Y como siempre, intentamos que el conocimiento que adquiere nuestro hijo sea vivencial, a través de juguetes sensoriales.

Así que, siguiendo al máximo la filosofía Montessori, escogimos algunos juguetes que se adaptaban a nuestras, o sus, necesidades. Por su material, por su textura, por su forma, por su aplicación. Y es que María Montessori no defiende la idea de aprender los colores por días, como se hace normalmente: hoy verde, mañana azul, el otro rojo… Sino que se trata de trabajar los colores en su conjunto, y siempre empezando por los primarios: rojo, amarillo y azul.

Lo ideal sería empezar con las cajas de color Montessori, que son tres, cada una para un nivel, pero creo que Marco es todavía demasiado pequeño para seguir su funcionamiento. Así que, seguimos la misma metodología pero usando otros materiales.

Lo primero que hicimos, en cada uno de los casos, fue presentarle el material. Una vez hecho la presentación del material, Marco experimentó con él.  Es verdad que se propone que el vocabulario se adquiera en tres tiempos y con tres colores como mucho, pero nosotros empezamos directamente con cinco. Y el resultado fue, realmente, alucinante.

Una vez trabajado el vocabulario, se pasa a trabajar la identificación de cada color verbalmente: ahora Marco se pone en el azul o ¿dónde está el azul?. Y si avanzamos, podemos preguntar qué color es éste o aquél.

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En días posteriores podemos repetir la actividad, introduciendo colores nuevos (nosotros no lo hemos hecho todavía…) y también podemos hacer juegos como encontrar el color en el entorno. Como siempre, la mente de nuestro hijo nos sorprenderá mucho más de lo que nosotros nos imaginamos.

Dicho como hemos introducido los colores a nuestro hijo, os presento los materiales que hemos usado.

1. Círculos sensoriales: se trata de cinco parejas de círculos sensoriales, cinco texturas distintas y dos círculos de cada una, uno grande y uno pequeño, uno para los pies y otro para las manos. Están hechos de silicona y el niño identifica color con textura. Nosotros los hemos en el suelo formando un camino sensorial. Pisando y repitiendo el nombre de los colores tal y como os he explicado más arriba es como hemos utilizado este material. La verdad es que cuando lo compré pensé que no serviría para nada y ahora mismo, es el juguete favorito de Marco. Material desestructurado totalmente, además, ya que lo usamos para trabajar los colores, para hacer masajes, como cercas para animales, bebederos, cojines…

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2. Cometa Waldorf: y de aquí el título del post de hoy. La pedagogía Waldorf invita al juego como medio natural de aprendizaje. En esta pedagogía se utilizan siempre juguetes muy naturales, con colores divertidos y alegres. A parte de ver y hacer volar los colores en el viento, favorece el juego creativo y el ejercicio físico. Éste lo hemos fabricado todos juntos, con aro de madera y cintas de raso de colores arco iris.

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3. Nins de Grapat: el juguete estrella, la perfección, lo más desestructurado y lo más perfecto. todo tiene su lógica, su conexión. Trabajamos colores, texturas, olores, momentos del año, las horas, los días… cuando los niños se acercan a estas piezas ven más allá de los colores, tocan la textura de la madera, los bordes redondeados, las esferas… Sus manos “ven” la calidad de un material que no brilla por sus colores sino por su calidez y naturalidad. Ofrecen una gran versatilidad en el juego y además son juguetes producidos siguiendo procesos tradicionales y con materiales sostenibles, de proximidad y no tóxicos.

 

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IMG_6569IMG_65814. Libros: como ya os conté en este post, en Sant Jordi incorporamos libros preciosos y dos de ellos fueron Azul y Rojo. Simplemente le encantan. Ahora que ya habla un poquito, repite las palabras de cada uno de ellos y creo que lo relaciona perfectamente con el color del libro, porque cuando los coge de la estantería, tanto uno como el otro, sabe qué elementos hay dentro de cada uno.

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Espero que os haya gustado mucho este post. Para mí, jugar con él y que suponga un reto constante es lo que me hace más feliz del mundo. y ahora que su juego es más complejo y sus respuestas tan rápidas me quedo ojiplática.

También quería decir que este verano intentaremos estar al máximo juntos, viviendo y aprendiendo y publicaré en el blog cada quince días.

¡Un beso a tod@s!

ARCO IRIS SENSORIAL

¡Ya estamos aquí!

Y hoy os traigo un post con una propuesta que hacía muchísimo tiempo que quería hacer: el Arco Iris sensorial. Y aunque lleva un poco de trabajo y dedicación, en el fondo es una actividad extremadamente básica, austera y deliciosa. Y nos sirve como comodín a días un poco aburridos.

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La verdad es que todo empezó cuando leí el artículo del blog de Mamaextraterrestre sobre la Teoría de Piezas Sueltas. Resumiendo mucho, se plantea que si tuviéramos las herramientas adecuadas, la creatividad no sería un privilegio de unos pocos. Si nos dejaran, todos podríamos participar en dar forma al mundo que nos rodea. Habla de la infancia como una época clave del desarrollo de las habilidades creativas y propone un mapa de ruta donde la inclusión de Piezas Sueltas o variables en todos los lugares donde haya niños es esencial. Parte de la pedagogía Reggio Emilia, donde los materiales de juego no estructurados son la base de todo juego y que permiten desarrollar la creatividad a todos los niveles y proveer los medios para hacerla florecer desde la primera infancia. Lo bonito de este tipo de juegos es no obstruir al niño en su desarrollo natural del juego. Es acompañarlo, observarlo y arroparlo. Desde lejos pero cerca.

IMG_2737Partiendo de esta hipótesis, nacen actividades como la que hemos hecho esta semana con nuestro hijo. Una actividad sensorial que es a la vez una invitación absolutamente irresistible. Porque a veces, jugar con material no estructurado no es simplemente palos, piedras y piñas, sino que  se trata de ofrecer claves para vivir de una forma creativa a todos los niveles, desde lo pequeño y cotidiano a lo más grande.

IMG_2735Y como hemos empezado con lo pequeñito, hemos teñido legumbres y pasta. Primero porque los colores brillantes gustan a cualquiera, segundo porque el material obtenido se puede guardar y utilizar para jugar a las cocinitas, mini-mundos, mandalas, esculturas con arcilla… y tercero porque el pequeño trabaja motricidad fina, texturas, formas y trasvase.

Lo que necesitamos para llevar a cabo la actividad son:

– Legumbres, arroz, pasta… lo importante es que haya múltiples texturas, tamaños y movimientos.

– Colorante alimenticio de todos los colores posibles. En Amazon venden packs preciosos y a buen precio.

– Vinagre blanco, que fija el color.

– Un poco de agua para reblandecer un poco los granos.

– Bolsas herméticas para hacer las mezclas.

– Caja o bandeja para presentar la actividad.

– Varios contenedores y herramientas de manipulación (bols, cazos, cucharas, coladores, cacharros de cocina…).

Procedimiento

Ponemos en cada bolsa hermética los granos, el colorante (las cantidades las iremos viendo según el tipo de colorante), un chorrito de vinagre y una cucharada de agua. Agitamos un poco y dejamos macerar un ratito. No demasiado porque si la humedad entra demasiado en los granos puede que se reblandezcan demasiado y se nos acaben pudriendo. Nosotros los dejamos media hora más o menos. Después los extendemos, sin mezclar colores porque se puede liar bien gorda, en un plato o papel de cocina y lo dejamos secar toda la noche. Al día siguiente, ya estarán listos para jugar.

La propuesta queda preciosa si se presenta en la bandeja en orden cromático. Es armonía visual natural y no hay nada que pueda competir contra eso… Y las opciones de juego son infinitas: tocarlos en la misma caja, clasificarlos en tarros, sobre la mesa de luz, buscar tesoros en medio, colocar muñecos en medio, hacer creaciones artísticas, para cocinitas… Marco los tocó, los cogió con la cuchara, preparó platos y se los dio a los Nins. Pero hemos guardado los granos para futuros juegos.

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IMG_2769IMG_2770IMG_2772De verdad que es ir a lo más básico y triunfar segurísimo. A veces nos preocupamos en encontrar el juguete estrella y en casa, a la mano de todos, está la respuesta. Os animo a hacerlo.

IMG_2776.JPG¡Hasta la semana que viene!

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NUESTRA TORRE DE APRENDIZAJE

¿Hola a tod@s!

Hoy os traigo un post cortito pero intenso y es que por fin tenemos en casa nuestra torre de aprendizaje o learning tower basada en la pedagogía Montessori. En nuestro caso, tenemos que dar las gracias a nuestro súper papi que la construyó hace una semana a las 6 de la mañana…

Pues bien, si repasamos un poco sobre la educación viva y activa es muy probable que hayamos visto la famosa torre de aprendizaje, que es, simplemente, una estructura que permite al niño/a desarrollar actividades a la misma altura que el resto de la familia de manera más independiente y segura. Un recurso educativo perfecto que da la posibilidad a nuestros hijos a desarrollar su independencia y estar más integrados en tareas familiares, en este caso, cocinar, lavarse las manos, dientes…

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La torre, que no es más que un taburete seguro, lo ideó María Montessori con el fin de facilitar la máxima independencia a los niños y niñas a la par que fomenta la interacción en cuanto a las tareas diarias. La intervención de los/as pequeños/as en tareas como limpiar o cocinar, entre otras muchas actividades posibles, les proporciona experiencias sensoriales, practican la motricidad, se entretienen y les acerca al sentido de la responsabilidad. Además las actividades en familia siempre son un placer para los más peques de la casa.

Es un objeto que se recomienda a partir de los 18 meses (los pequeños se suben/bajan solos) aunque como bien defiende la pedagogía respetuosa, debemos observar a nuestros hijos e interpretar cuando es el momento que lo necesitan. Y Marco, lo necesitaba ahora, a sus 15 meses. Es verdad que todavía estamos trabajando lo de subir y bajar porque sus pasos todavía son un poco inestables, pero lo intenta con entusiasmo y se frustra cuando no le sale.

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Así que siguiendo los preceptos para (intentar) educar con éxito a nuestro hijo hemos usado la lógica, el sentido común y la calma, y nos hemos dado cuenta de que necesitábamos este mueble en casa. Marco está más tranquilo, más divertido porque interacciona con nosotros más horas al día y nos hemos dado cuenta que le ayudará a desarrollar una personalidad armoniosa y equilibrada. Aunque parezca una tontería, es así. Porqué sí, porque compartir momentos cotidianos con los pequeños es lo más bonito del mundo. Y su curiosidad queda saciada al instante.

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Existen multitud de opciones en cuanto a la torre se refiere. Se puede comprar hecha o se puede fabricar en un precioso DIY. Nosotros, bueno, mi marido, ha optado (y triunfado porque es un 10 con los DIY) probar suerte y fabricarla a partir del famoso banco de Ikea “BEKVÄM”. Y el tutorial que ha seguido lo podéis encontrar aquí. Si pincháis tendréis los materiales y los pasos perfectamente detallados y voilá!, a usar la torre de aprendizaje.

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Yo estoy muy, muy contenta de habernos decidido a usarla. La hora de la cocina es una maravilla porque preparamos el desayuno juntos, me lava los cacharros que ya he hecho servir, me observa, come trocitos de los que estamos cocinando y puede estar a mi lado pero lejos de fuego. Así que aunque la gente os comente que qué es eso y que es mejor usar un #taburetedetodalavida no hagáis caso. Es una preciosa solución, respetuoso con los ritmos del niño y con posibilidades múltiples.

¡Por ciero! La decoración está hecha por mi madre… sabe que a Marco le gustan mucho las mariquitas pero creo que se ha pasado un poco de ñoñez…